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Miedo por lo que Vivimos, miedo, temor, preocupación, angustia, desesperación, odio, maldad.
Lo que acontece en el mundo y en nuestro país puede llegar (y en muchos ha logrado) a debilitar y triturar el afecto, la paz, la alegría y el amor de Dios y una verdadera relación que con ÉL se puede lograr. Es decir el ser humano está tan inmerso en este mundo material, humano, mundano, lleno de pasiones, de vicios, de traiciones de violencia y de tantas y tantas cosas que ven nuestros ojos, que al final del día no logramos entender que lo que sustenta nuestra vida es: el hálito, el alma que habita dentro de nosotros y que tanto descuidamos.
Respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán. Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores. Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre. Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán. Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos; y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo. Mateo 24.4-13
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