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Todo esto lo recordaba hace no muchos días, en un lugar donde he vuelto no para quedarme, sino más bien como aquel Moisés que se le permitió ver la tierra prometida lo llevo Dios a ese monte, o como aquel Abraham que Dios lo colocó en un monte para ver la destrucción de Sodoma y Gomorra; o como aquél Elías que acompañado a su criado sobre aquél monte vio aquella pequeña nube del tamaño de la palma de un hombre que traía la lluvia tardía que Dios enviaba como remanso a su pueblo. Lo he visto, lo he vivido, es ahora parte de mi, como la palabra de Dios usada por aquel político: “benditos sean aquellos que tienen hambre y sed de Tsidkenú… porque ellos, porque nosotros seremos saciados”, porque cual el Señor Jesús viviera vivimos hoy, porque cual escenarios atroces se preparan y encaminan, hoy los podemos ver… y este es el testimonio que hemos visto en la tierra… que Jesucristo es Dios, que cambia mentes, que cambia pensamientos, que sana corazones, restituye vidas dice el salmo 113 que entonamos: el saca del lodo, del estiércol del muladar a sus escogidos y los hace sentar con los príncipes de su pueblo…
Para eso vino Jesús, no para romper unas cadenas materiales de esclavitud, sino para romper unas cadenas espirituales de esclavitud, no vino para derrocar al imperio Romano, vino a establecer su Reino de Paz, de Amor, de Fe no en un entorno material, sino en un ámbito espiritual, vino a establecer un Reino espiritual de libertad, gozo y bendición viendo como sólo los que buscan, intentan y consiguen vivir como ÉL manda, viven libres, viven sin temor, viven apasionados de su persona, de su presencia de su bendición. ÉL vino a derrocar esas huestes inmundas embriagadas de poder, pero no de un poder natural sino de un poder robado, de un poder usurpado, Jesús vino a destruir y destruyo y exhibió a los principados y a las potestades triunfando sobre ellos en la cruz del calvario, ya no tienen más poder sobre ti, ya no tienen más poder sobre tus hijos, ya no tienen más poder en tu casa en tu trabajo. No tenemos entonces porque seguir dependiendo de las cosas materiales sino de Dios, de su provisión de su bendición, no tenemos porque añorar tanta porquería que se mueve en el mundo material, un mundo gobernado por Satanás, NO!! Debemos ser sabios y orar porque el adversario el diablo está como león rugiente buscando a quien devorar…
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